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La «Fiesta fue toda Peronista» en Santa Rosa

El vernismo agitó el Día de la Lealtad con su “en La Pampa, todo bien”. Multitud, volumen político, ayuda del clima, buena onda. Vendedores, organizaciones, personas “sueltas”. Fue notable que la que moviliza cuerpos y sensaciones es Cristina.

“En La Pampa, todo bien”, pudo jactarse algún fanático vernista apelando al slogan de la última semana.

La fiesta peronista salió redonda: una multitud, presencias de peso político, el tiempo que ayudó para que quedara estampada esa imagen inolvidable del atardecer pampeano como contexto del Día de la Lealtad.

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El amor por Cristina, los gestos entre los grandes popes, los vendedores de choripanes y banderas juntando sus mangos. Y una presencia popular masiva y alegre, sin incidentes ni violencias. Los riesgos y la inseguridad ahuyentadas por efecto de la buena energía.

Hito celebratorio

Fue una jornada inolvidable: la movilización política más grande que Santa Rosa recuerde, con un número que admite discusiones pero que nadie niega como impresionante. Otro hito para ese peronismo que se golpea el pecho diciendo de sí mismo que siempre y todo el tiempo es una fiesta.

Diría Joan Manuel Serrat, en su “Fiesta” -no necesariamente peronista- que a las banderas rojas, verdes y amarillas se suma el revoloteo de las faldas y las gentes de cien mil raleas: el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailando y dándose la mano sin importarles la facha.

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El encuentro pampeano, además, ratificó con fuerza una certeza política. La dejó bien a la vista: la que mueve y genera pasiones es Cristina. La enorme mayoría se movió para verla a ella, sobre todo las personas que aparecieron “sueltas”, en familia, las juventudes, las mujeres. También jubilados y jubiladas.

También hubo masiva presencia de organizaciones aceitadas, identificadas con sus banderas -como “la marea verde” de Tucumán-, con sus chalecos y orden marcial para buscar lugares, como el gremio SIPOS de Buenos Aires, o con las remeras del “Todo bien” que el vernismo repartió por toda la provincia.

La pelea por ocupar espacios, esta vez, fue serena. Hubo más bien “buena onda”, a tono con la selección musical que se hizo en la previa del acto político.

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Hubo una evidencia a primera mirada: las masas llegaron hasta el Centro Recreativo Don Tomás con la idea de pasarla bien. Por eso también fue una fiesta: quedaron exorcizadas, esta vez y por ahora, las tensiones que rodean los actos políticos cuando hay internas, pujas por el espacio y el territorio. Se respiró alegría del principio al fin.

“Vamos a volver” fue el hit de la tarde. En algún momento sonó un cantito que parecía ya olvidado: “Macri / basura / vos sos la dictadura”.

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Cada vez que sale el sol

Desde bien temprano llegaron delegaciones de otros puntos del país. Hubo quienes viajaron más de diez horas, desde distintos puntos cardinales. Se instalaron pronto en los alrededores de la laguna, cuando el cielo todavía amenazaba. Caían algunas pequeñas gotas de lluvia y los nubarrones generaban dudas. Los antiperonistas se solazaban en las redes sociales: un par de horas después se tragaban las palabras, a la luz de la fiesta peronista.

Antes del mediodía, algunas de las personas durmieron “la mona” al aire libre. Otras plantaron sus puestos de venta. Gorros, banderas, vinchas, pañuelos, gaseosas, latas de cerveza y comida estuvieron en el centro de la escena. Hubo coincidencia general: se vendió bien.

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Nano, vendedor de remeras peronistas, se instaló en la esquina de Falucho y Avenida Uruguay. Y resumió: “gracias a Cristina ya estoy ganando unos pesos, y eso que no está en el poder… esos pesos se los voy a tener que pagar a este otro, para que no me corten la luz y el gas”. Contó que la remera más vendida es la que dice “el orden de los Fernández no altera el producto”.

En horas de la siesta, las calles aledañas a la laguna Don Tomás parecían esas arterias que rodean a La Bombonera o al Monumental en la previa de un partido grande. El rumoreo, las personas caminando con un mismo rumbo, con un sentido definido: pudo ser una metáfora política, pero era algo concreto.

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Después de las cuatro de la tarde, aparecieron los bombos y tamboriles, sonaron trompetas, se hizo denso el humo de los chori. Y salió el sol, por si algo faltaba. Cuando llegó la hora de que la más esperada pisara el escenario, ese sol era radiante.

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Tristán Bauer metió un golazo: al caer la tardecita pampeana, febo a espaldas de los dirigentes era casi el del logo del Frente de Todos.

 

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Una notable proporción del público emprendió la retirada cuando Cristina finalizó su discurso. Fue impactante el modo en que cientos de personas dieron un giro y emprendieron el regreso.

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Diría Serrat, para este caso, que la caída del sol dijo que llegó el final, que con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza y el rico a su riqueza. Y que por una tarde se olvidó que cada uno es cada cual. Ya era la hora de bajar la cuesta: se acabó la fiesta.

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