DestacadasProvinciales

El incansable compromiso de una maestra rural de La Pampa

19 / 100

Luego de una travesía de seis horas manejando por la llanura pampeana, TN llegó a la “escuela más inhóspita” de la provincia. Así la define Stella Monasterio, la maestra rural a cargo del establecimiento. Queda tan lejos de todo que el equipo que viajó, incluso se perdió en el camino. Al llegar, los esperaba un mundo diferente. Allí, parece que el tiempo no corre, pero sin embargo hay horarios que cumplir. Quien está a cargo de todo es Stella, quien junto a su chofer, busca a cada alumno casa por casa en una camioneta del ministerio de Educación provincial para que ninguno falte.

La travesía hacia la escuela rural

Llegar a la escuela Chos Malal, en La Pampa, es toda una travesía. A las 4:30 de la mañana, el equipo debió partir de Algarrobo del Águila, a tres horas de allí. A las 6:30, llegó un llamado de Stella, que preguntaba donde estaban. “Tenían que venir por la ruta 14″, indicó. A las 12, el equipo de TN finalmente llegó. No podían creerlo.

En el medio de la nada se sostiene una escuela. Al verla, uno podría pensar que es parecida a cualquier escuela que se puede encontrar en otro lado, sus instalaciones están en muy buen estado. La diferencia es que está emplazada en medio de un paisaje color piedra. Puertas adentro tiene de todo, pero alrededor, no hay nada.

Cada mañana y cada tarde, en esta camioneta del ministerio de Educación provincial van a buscar a los alumnos a sus casas. (Foto: Captura TN)
Cada mañana y cada tarde, en esta camioneta del ministerio de Educación provincial van a buscar a los alumnos a sus casas. (Foto: Captura TN)

Stella, la maestra rural que custodia la escuela en medio de la nada

Stella viaja junto al chofer en una camioneta del Ministerio de Cultura y Educación de La Pampa para recoger a los chicos que viven en puestos rurales y que no pueden trasladarse. Con el primer turno, empiezan a las siete de la mañana y a las ocho tienen que estar en la escuela. Para recoger a los del grupo de la tarde empiezan a las 12 y a las 13 ya tienen que estar en clase. Casa por casa los levantan para que no falten. La calidad del personal que trabaja aquí y su compromiso es digno de admiración.

Stella Monasterio, la maestra rural a cargo de la escuela de Chos Malal. (Foto: Captura TN)
Stella Monasterio, la maestra rural a cargo de la escuela de Chos Malal. (Foto: Captura TN)

“Trabajamos en conjunto y acá tenemos que ser familia porque estamos muy lejos. En un lugar como este tenemos que estar preparados y tener los pies sobre la tierra. Hay cosas que tengo que resolver yo en el momento”, cuenta Monasterio.

Sobre las dificultades que tenía el lugar cuando llegó, la maestra describe: “Cuando vine en el 2014 teníamos maestras que duraban poquito. Llegaban, veían el lugar y se querían ir. En ese momento no teníamos luz eléctrica, teníamos a motor, que se prendía dos o tres horas al día porque guardábamos el combustible”.

Algunos de los chicos en su ingreso a la escuela. (Foto: Captura TN)
Algunos de los chicos en su ingreso a la escuela. (Foto: Captura TN)

“Teníamos una sola computadora, éramos cinco docentes y nos tocaba 40 minutos a cada una”. Stella recordó el día que una maestra lloró mientras hacía una videollamada con su familia: “Me fui mal a mi casa a hablar con mis hijas y les pregunté si era mala madre. Porque a mi no se me caía ni una lágrima”. Pese a que algunas de sus compañeras sufren la distancia y el desarraigo, ella está contenta: “Es lo que elegí. Mi vida está siempre acá en la escuela, no tengo tiempo ni de pensar”.

Las hijas de Stella viven en Córdoba, donde estudian para ser bióloga y contadora. Fueron a visitarla una sola vez y le confesaron que nunca vivirían en ese lugar tan alejado. “Sin embargo, si yo estoy feliz ellas están felices”, cuenta Stella, que vive en una casita de Educación y regresa cada 15 días a su casa que queda a 670 kilómetros de la escuela, del otro lado de La Pampa.

Esta es la escuela más inhóspita de la provincia de La Pampa, la que está más alejada, la que no ves nada, es ésta”, asegura la educadora.

La gente de la zona se dedica a la crianza de chivas. En septiembre empieza la crianza y algunos nenes tienen los puestos lejos. “Tengo la coordinadora que me acompaña mucho, la directora de nivel primario y yo. Cuando necesito ayuda por algún nenito que falta, siempre busco la manera de ir a buscarlos. Es el compromiso que tenemos con las familias”, afirma.

Una de las docentes que trabaja en el lugar observa a los chicos jugar en el recreo. "Disfrutan mucho venir acá y aprender", dice. (Foto: Captura TN)
Una de las docentes que trabaja en el lugar observa a los chicos jugar en el recreo. «Disfrutan mucho venir acá y aprender», dice. (Foto: Captura TN)

Otra de las maestras que trabaja aquí destacó que los chicos están muy contenidos por la escuela, que no solo los llevan y traen sino que se ocupan de conseguirle a las familias lo que necesitan para que estén al día, ya que muchos adultos también están en la etapa de escolarización.

Los chicos disfrutan de estar acá y aprender, y te comparten un montón de cosas, son muy lindos para trabajar”, cuenta la docente.

El año pasado Stella daba primaria y secundaria de adulto pero con la cuestión de la pandemia no pudo seguir y este año se tuvo que dedicar a la primaria los pocos meses que llevan de clase. “Veremos qué pasa el año que viene, eso es algo que quedó pendiente, porque la gente estaba entusiasmada. De los adultos, algunos tenían la primaria incompleta, así que seguiremos con eso”. Stella cuenta que en algunos casos si no podían venir se montaba la escuela en los puestos. “Hacíamos grupitos y dábamos la clase”, recuerda, y agrega: “Varios aprendieron a usar el teléfono”.

Las familias que asisten a la escuela rural

Una madre de tres nenes -uno de siete, otro de cinco y otro de tres- dice que están acostumbrados a vivir lejos. “Soy de acá, nacida aquí, en el valle”, afirma orgullosa y cuenta que llevar y traer a sus hijos a la escuela es complicado y que “está bueno que los vengan a buscar”, sobre todo por la pandemia, porque los chicos perdieron continuidad e iban tres veces por semana.

“El haber nacido acá es todo un tema. Vivimos de changas. Es una zona donde no hay trabajo, es muy difícil vivir acá. Mi marido busca trabajitos afuera, vamos y venimos”, cuenta la madre de los nenes, pero asegura: “A mi me gusta el campo, en el pueblo estoy un día o dos y ya me quiero volver”.

Una de las familias que asisten a la escuela Chos Malal. (foto: Captura TN)
Una de las familias que asisten a la escuela Chos Malal. (foto: Captura TN)

En otro de los puestos rurales, el papá de Daniel, un alumnito de la escuela que es muy aplicado, dice: “Yo me conformo con que él aprenda lo que yo no pude”. Cuando le preguntan que quiere para su hijo, si que se quede en el campo o vaya a otro lado, dice que “él decidirá”, pero que el campo es “muy sacrificado, muy sufrido”, y que lo único que va a hacer es criar chivas como hace él.

Los padres de Daniel, el alumno más aplicado de la escuela de Chos Malal. (foto: Captura TN)
Los padres de Daniel, el alumno más aplicado de la escuela de Chos Malal. (foto: Captura TN)

Por otro lado, acostumbrado a su vida, coincide con la mamá de los otros nenes: “Es difícil vivir acá pero a pesar de todo es lindo el campo”.

Daniel, uno de los alumnos más aplicados, cuando termine la escuela, quiere ser veterinario. (Foto: Captura TN)
Daniel, uno de los alumnos más aplicados, cuando termine la escuela, quiere ser veterinario. (Foto: Captura TN)

Daniel, el nene, quiere estudiar para ser veterinario y piensa que cuando termine la escuela va a ir a la universidad. Su vida, quizás sea distinta a la de su padre, y todo será gracias al compromiso de una maestra rural y su equipo.

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Botón volver arriba