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A 101 años de «la crezca grande», la inundación que provocó muertos y dejó huellas aún visibles

30/12/15 – 25 de Mayo – El 30 de diciembre de 1914 se produjo una inundación de carácter desastroso en el valle del Río Colorado, debido a la rotura del dique natural de la Laguna Carri-Lauquen (verde-laguna) que se encuentra en la Alta Cordillera interrumpiendo el curso natural del Río Barrancas que, junto con el Grande, forman el Río Colorado.

 
 
 
 

Según el señor Blencowe el lago Carri-Lauquen debe haberse desbordado a las 16 horas el 29 de Diciembre de 1914. La ola pasó por Barrancas a las 20 horas del mismo día y llegó a la estancia «25 de Mayo» a las 14 del día 30.

De los datos recogidos se desprende que, en las colonias Peñas Blancas y 25 de Mayo, que forman parte de los territorios del Río Negro y Pampa Central, respectivamente, se perdieron 110 vidas y entre la laguna Carri-Lauquen y Meridiano X se ahogaron 25 personas y 50 en el territorio de la Provincia de Mendoza.


El lago se vació casi por completo en una sola noche, y la cantidad de agua que se precipitó por el Río Barrancas y el Río Colorado fue enorme. De 21 kilómetros de largo que tenía el lago, quedó reducido a 5 kilómetros y la superficie bajó 95 metros aproximadamente.


Se calcula en 2.000 millones de metros cúbicos, la cantidad de agua que causó la inundación del valle de Río Colorado, cifra que permite formarse una idea de la magnitud del desastre.

Para comprender las razones de la catástrofe, debemos saber cuales fueron los acontecimientos que dieron lugar a la formación del Lago Carri-Lauquen, es decir, conocer la historia del lago. En el informe sobre las causas que produjeron las crecientes del Río Colorado en 1915, que presentó el geólogo Dr. Pablo Grocher a la Dirección General de Minas, Geología e Hidrología en el año 1916 se encuentran datos sumamente interesantes referentes al asunto, de los cuales extractamos algunos.

En el transcurso de una larga serie de años, cuyo principio se remonta a la época terciaria, el Río Barrancas excavó un cajón estrecho y hondo. El fondo del valle era solamente un poco más ancho que el mismo río y sus flancos formaron todavía, bardas de pendientes muy pronunciadas de 1000 a 2000 metros de altura relativa.

En ese cajón debe haber caldo un escorial de lava o sucedido un desmoronamiento, obstruyéndose así el curso del Río Barrancas. Como el dique alcanzaba a 1500 metros más o menos, sobre el nivel del mar, la superficie del agua subió hasta esta altura llenando el valle en poco tiempo.

Una vez llegada el agua a esa altura, pasó por el punto más bajo del dique y saltando por los bloques del mismo se precipitó al fondo de la parte inferior del cajón. La fuerte pendiente del dique le daba gran velocidad, habilitándole de la energía suficiente para poder llevar piedras y bloques al pie del dique. Alcanzando el fondo del cajón, el río perdió la fuerza de su corriente, así que luego le faltó fuerza para llevar consigo tanta cantidad de rodados depositándolos en un vasto cono de deyección fluviátil que alcanzó más o menos hasta enfrente de la desembocadura del arroyo Quili-Malal, en el Barrancas.

En la primavera de 1914 (la primavera llega tarde a la Alta Cordillera, en Noviembre a Diciembre) se derritieron las masas de nieve que habían caído en extraordinaria cantidad en el invierno anterior. El enorme volumen de agua que afluyó al lago aumentó e hizo subir considerablemente su superficie; la presión que entonces se ejerció sobre los obstáculos, en la salida del Río fue demasiado grande y en un momento dado quebrantó su resistencia.

La avalancha del agua ocasionó serios perjuicios. Los cultivos que los moradores habían hecho en pequeña escala, fueron destruidos en todo el curso del Barrancas. Frente a la junta del arroyo Guara-Có con el Río, los cultivos tenían cierta extensión, pero desaparecieron todos. También sufrieron mucho las comisarías de ambos lados del Río Barrancas.

En el rincón de la comisaría Mendocina había antes como una legua de campo regable, unas cuantas hectáreas alfalfadas, alrededor de 10 casas, maizales, árboles, etc. de todo esto no quedaron rastros.

La comisaría desapareció y donde había un campo fértil hoy se extiende el pedregullo. Lo mismo pasó con la comisaría del lado de Neuquén; la mayor parte de los potreros, alamedas y casas desaparecieron. En ambos lados del Colorado había caminos; quedaron inutilizados.

En el paso de Las Bardas había una estancia «La Margarita» que era la vanguardia del progreso en aquella región y que fue arrasada. Todo se lo llevó el agua en la misma forma que las comisarías mencionadas.

Igual suerte tocó a los recodos que tenían en esta parte del Colorado una tierra preciosa. Los rincones cultivables eran lo único que daban algún valor a aquella región, en que fuera del lecho del río se extiende el desierto. El pedregullo estéril ocupaba el único suelo que daba esperanzas para el desarrollo económico ulterior de aquella región.

La Empresa del F. C. del Sud, organizó inmediatamente, después del desastre, una expedición a la región del lago Carri-Lauquen con el objeto de estudiar los afluentes superiores del Río Colorado y hallar las causas y circunstancias especiales que motivaron la terrible inundación del valle.

La expedición bajo las órdenes del Ingeniero S. Blencowe cumplió su misión en forma notable y los resultados fueron recopilados en un extenso informe fechado el 6 de Julio de 1915.

Según el señor Blencowe el lago Carri-Lauquen debe haberse desbordado a las 16 horas el 29 de Diciembre de 1914. La ola pasó por Barrancas a las 20 horas del mismo día y llegó a la estancia «25 de Mayo» a las 14 del día 30.

De los datos recogidos se desprende que, en las colonias Peña Blanca y 25 de Mayo, que forman parte de los territorios del Río Negro y Pampa Central, respectivamente, se perdieron 110 vidas y entre la laguna Carri-Lauquen y Meridiano X se ahogaron 25 personas y 50 en el territorio de la Provincia de Mendoza.

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Fuente:

«La inundación del valle del río Colorado»; Capítulo 49 (parte) del libro de William Rögind.

Casi por sorpresa. No imaginado el motivo. Lo más rápido para alertar con la funesta noticia de la avenida de agua fue el telégrafo y algunos despavoridos jinetes, pero igualmente nada se pudo hacer para evitar el descomunal tropel de aguas marrones y en época inusual de crecientes.

Difícil también comunicar a los ribereños el enojo del «Primer Desaguadero», como lo llamara el jesuita inglés Tomas Falkner en su libro y mapa de 1774. En cuanto a población, la afectada más importante fue sin duda Río Colorado y su vecina la inicial Buena Parada en la provincia del Río Negro. Veamos.

Hasta hace unos años sobresalieron en recuerdos escritos sobre aquel famoso desborde o inundación del río Colorado los libros de dos destacados directivos del Ferro Carril Sud: Arturo H. Coleman, galés y el dinamarqués William Rögind. Últimamente otros autores regionales mencionaron el acontecimiento y los diarios «La Nación» -con enviado especial- y «La Prensa» se ocuparon del asunto lo mismo que los periódicos de entonces «Río Negro» y «Neuquén», entre otros. La causa parece que fue un «fenómeno geológico» y según lo narró el galés Coleman: «Próximo al nacimiento del río Colorado, en la cordillera de los Andes, corre el río Barranco (Barrancas) tributario del Colorado. El lago Carri Lauquén, estaba situado en el propio curso del río Barranco (Barrancas). Esta cuenca, que desapareció bruscamente, tenía unos treinta y dos kilómetros de largo, con un ancho que variaba entre los tres y los doce kilómetros. Se había formado, cientos de años atrás, a causa de que la salida del encajonado valle, por el cual discurre el río Barranco, fue bloqueada por una erupción volcánica que obstruyó parcialmente el paso con enormes rocas, dejando un reducido boquete por donde desaguaba el lago» (sic). Por tanto el lago Carri Lauquén actuaba como regulador natural de dicho río y podía recibir toda el agua posible de lluvias o derretimiento de nieve ya que su compuerta rocosa o tapón permitía salir el agua del lago. El 27 ó 28 de diciembre de 1914 el lago se encontraba muy lleno y la enorme presión del agua o «algún movimiento sísmico derrumbó el tapón que obstruía el boquete, disgregándolo y arrastrando las rocas volcánicas que cerraban el paso, vaciándose rápidamente el lago».

Una posterior inspección del ingeniero Blencowe de la empresa ferroviaria inglesa comprobó que el barro en las paredes del lago, indicaba en el centro 110 metros y 85 e las orillas. La enorme masa de agua que se descargó del Barrancas al Colorado se calculó en no inferior a «dos mil ochocientos millones de metros cúbicos». Coleman, entonces superintendente de tráfico ferroviario con asiento en Bahía Blanca, había recibido pedido de auxilio de los gobernadores del Neuquén y del Río Negro. Principalmente sobre el peligro de inundación que amenazaba a Buena Parada-Río Colorado, disponiendo la formación de un tren de auxilio «compuesto de veinte vagones dobles cubiertos y dos abiertos, en los que se cargaron, como medida de precaución, cuatro botes a remo» saliendo el domingo 29 de diciembre de 1914 rumbo a Río Colorado. Al pasar el puente de hierro sobre el Colorado y ya en Buena Parada se invitó a los pobladores a subir al tren, pero hubo cierta resistencia y tuvo que actuar la policía.

Las aguas avanzaban arrolladoramente y el tren habitual a Neuquén había quedado detenido en la estación Río Colorado a donde llegó su similar de auxilio. No tenían información de las estaciones Juan de Garay, Pichi Mahuida y Fortín Uno, donde la vía corre casi paralela al Colorado. A las 22 de aquella noche «el jefe de la estación Pichi Mahuida avisó telegráficamente que se encontraba en la oficina con el agua a la cintura y abandonaba la estación». Arturo Coleman ordenó que el tren de pasajeros retrocediera a la estación Gaviotas y a la madrugada (30/12) prosiguieron la marcha con parte del tren de auxilio y dos botes.

A unos veinticinco kilómetros llegaron a la orilla de la inundación. Quisieron retroceder, pero estaban completamente rodeados por las aguas que aflojaron el terraplén con las vías y el tren se inclinó. El agua llegaba a las ventanillas. Aislados totalmente, usaron los botes y navegaron «cruzando como a un metro por encima del alambrado de la vía» hasta llegar a una loma. Eran trece personas «incluídos maquinista, foguista, guarda tren y guarda freno». Con palos y frazadas improvisaron un refugio entre el monte nativo y las matas sirvieron para secar las ropas completamente mojadas por lluvia torrencial.

Mientras tanto, en Río Colorado los pobladores se habían refugiado en techos de la estación, galpones, en vagones del auxilio y algunas viviendas porque las de adobe se derrumbaron.

Así estuvieron siete días. Vieron pasar con el torrente de agua «fuertemente barrosa y de un subido color chocolate» cantidad de caballos, vacas, cabras, ovejas, avestruces». Y la lucha por sobrevivir de «serpientes, tarántulas, arañas monstruosas, ratones, cuises e infinidad de insectos». En cuanto a alimentos, una majada de ovejas salvó la situación alimenticia. No tenían forma de comunicarse con Río Colorado y menos con Bahía Blanca.

Hubo pérdidas de vidas y de bienes. Un autor menciona como desaparecidos en Rincón de los Sauces a las familias Molla, Cerda y Palomo, salvándose milagrosamente Leuterio Palomo. Otro autor escribió que «en las colonias de Peñas Blancas (Río Negro) y 25 de Mayo (La Pampa) se hallaron 113 cadáveres». Pero hubo más fallecidos. El «Río Negro» en su edición 122 del 9/1/1915 informó ampliamente sobre el fenómeno, como «La creciente del río Colorado» (tres columnas) incluyendo notas del colega «Neuquén» que informara sobre el hallazgo en aquel territorio de los «cadáveres de José María Vilo, su esposa y tres hijos», de la «mujer de Juan Retamal», familias de Ruperto Moya y Juan Villar y el corresponsal en Cipolletti telegrafió que en Catriel «ha quedado solo una casa en pie».

Por su parte el corresponsal en Río Colorado anduvo «acercándose lo más posible a la costa del Colorado» y pudo constatar los grandes daños causados por el aluvión y conocimiento que había tenido de la «desaparición de más de cincuenta individuos», habiendo conseguido el nombre de algunos de ellos: Juan Videla, Feliciano Arrieta, Marcelina Latur, Juan, Eustaquio e Hilario Domínguez, Eduviges Aguirre «y un hijo de pecho», Santiago, Damián y Serapio Molina, Petrona Díaz, Juana, Antonia, Josefa y Dolores Domínguez», pero llamativa y seguidamente expresa: «estos últimos fueron hallados y socorridos por el oficial Roque Harris, después de cuatro días de obligado ayuno. Frente a Roca, José Cañipán, perdió á su mujer y siete hijos… El pueblo de Nueva Parada está completamente inundado».

«Según el señor Blencowe (ingeniero del Ferrocarril del Sud) el lago Carri-Lauquén debe haberse desbordado a las 16 horas el 29 de diciembre de 1914» (sic), (Rögind). Ocurrió hace 90 años.

 

Héctor Pérez Morando

 

Bibliografía principal. Coleman, A. Mi vida, 1949. Rögind, W. Historia, 1937. Dehais, F.J. 25 de Mayo de la Crezca, 2003. Pérez Morando, H. Río Colorado, 1991. Palomo, S. Historia, 1989. Periódicos Río Negro y Neuquén, 1915 y otros.

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