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Negar la crisis: el intendente Mónsalve vetó la Emergencia Hídrica

En una decisión política que profundizó el malestar social, el intendente Leonel Mónsalve vetó en su totalidad la Ordenanza N° 01/2026, mediante la cual el Concejo Deliberante había declarado la Emergencia Hídrica en la ciudad de 25 de Mayo. La medida se adoptó en un contexto crítico, donde los problemas de provisión de agua potable afectan de manera cotidiana a numerosos barrios.

El veto quedó formalizado a través de la Resolución N° 052/2026. En ese documento, el propio Ejecutivo reconoce la existencia de serias deficiencias en el sistema de agua potable: baja presión, picos de consumo, infraestructura obsoleta y limitaciones estructurales acumuladas a lo largo de distintas gestiones. Pese a ese diagnóstico, el intendente decidió bloquear la declaración de emergencia, dejando a la ciudad sin una herramienta clave para enfrentar la crisis.

Según los argumentos oficiales, la emergencia sería innecesaria porque el Municipio “ya viene actuando”. En otras palabras, el problema existe, pero para el Ejecutivo no amerita medidas excepcionales, ni una reasignación prioritaria de recursos, ni un reconocimiento institucional acorde a la gravedad de la situación. Todo queda reducido a acciones habituales que, a la vista de los vecinos, no están resolviendo el problema de fondo.

El veto también se apoya en la ausencia de un presupuesto municipal aprobado, un argumento administrativo que termina funcionando como justificación política para no asumir nuevos compromisos. Mientras se discuten expedientes y competencias, en muchos hogares el agua no llega con regularidad y las familias deben recurrir a alternativas costosas para cubrir una necesidad básica.

La ordenanza vetada no era simbólica ni decorativa. Buscaba declarar formalmente la emergencia, ordenar prioridades, dar respaldo institucional a las acciones urgentes y transparentar decisiones en un tema extremadamente sensible. Al bloquearla, el mensaje del Ejecutivo resulta claro: para el Municipio no hay crisis, aunque la realidad cotidiana diga exactamente lo contrario.

Resulta particularmente llamativo que se considere innecesaria la creación de registros y mecanismos específicos de asistencia cuando el propio Ejecutivo admite que la provisión de agua depende, en muchos casos, de camiones cisterna y soluciones transitorias. Para la gestión municipal, eso es “burocracia”; para los vecinos, es agua para vivir.

Este veto no es técnico ni meramente administrativo. Es una decisión política que expone una forma de gestionar: minimizar la crisis, evitar controles y esquivar responsabilidades en un tema tan elemental como el acceso al agua potable.

En definitiva, Mónsalve vetó la crisis hídrica. Eligió negar la emergencia antes que asumirla y dejó a 25 de Mayo sin una herramienta fundamental para enfrentar un problema que no se soluciona con papeles ni explicaciones, sino con decisiones firmes y del lado de la gente.

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